50 años del Apolo 13: Houston, hemos tenido un problema

Apollo 13: Home Safe (Documental de NASA por el 50 aniversario de la misión).

En abril de 1970, la NASA había planeado llevar a cabo la tercera misión a la Luna después de los éxitos del Apolo 11 y del Apolo 12. El Apolo 13 iba a permitir que otros dos astronautas (James Lovell y Fred Haise) pisaran de nuevo la superficie de nuestro satélite mientras el tercero, Jack Swigert, permanecía dentro del módulo de mando orbitando la Luna. Todo parecía ya como algo rutinario, pan comido, y se respiraba un ambiente de confianza y seguridad que normalmente no suele augurar nada bueno. Incluso los medios de comunicación ya estaban empezando a perder interés en la aventura lunar, nada menos.

Tripulacion del Apolo 13 (Izq. a dcha: Haise, Swigert y Lovell. Foto: AP13-70-HC-541).

El objetivo planteado inicialmente para esta misión, del tipo H, era doble; por un lado, volver a aterrizar de forma precisa en el lugar preestablecido de la región de Fra Mauro y, por el otro, realizar una exploración más metódica de la Luna. De hecho, si nos fijamos, para la insignia de la misión se escogió el lema en latín “Ex Luna, Scientia”, es decir, “De la Luna, la Ciencia”.

Para esta ocasión, se designó al módulo de mando como Odyssey (Odisea en español) y al módulo lunar como Aquarius (Acuario). Odisea por la epopeya escrita por Homero y Acuario por la constelación que representa al portador de agua y, por tanto, de la fertilidad y la vida. Sin duda, fue algo premonitorio.

Odisea: Módulo de mando y de servicio del Apolo 13.

COMIENZA LA MISIÓN

El Apolo 13 se lanzó, desde la plataforma 39 A de Cabo Cañaveral, el 11 de abril de 1970 a las 19:13h GMT. El primer contratiempo que tuvo la misión fue que, debido a unas vibraciones de gran amplitud en la segunda etapa del cohete Saturno V, hubo que apagar el motor central, de los cinco que llevaba, antes de tiempo. Esto provocó una desviación considerable con respecto a la trayectoria que se había planeado. Parecía que, como había ocurrido con el rayo que impactó en el Saturno V durante el lanzamiento del Apolo 12, la misión podía fracasar justo al inicio, pero afortunadamente, se pudo compensar haciendo trabajar a los otros motores durante más tiempo. Finalmente, a los 12 minutos y 39 segundos después del lanzamiento, el Apolo 13 entraba en órbita terrestre.

Despegue del Apolo 13 (Foto: AP13-KSC-70PC-107).

Una vez comprobado todo se procedió a realizar la maniobra de inserción en órbita lunar (TLI en sus siglas en inglés), en otras palabras, se encendían de nuevo los motores para comenzar el viaje hacia la Luna.

Al día siguiente, 12 de abril, se aprovechó básicamente para tomar fotografías de la Tierra. El 13 de abril, mientras se hacía una retrasmisión por televisión, se encendió el motor durante casi 4 segundos para hacer una corrección en el rumbo que seguía la nave con el fin de ponerla en una trayectoria de aproximación a la Luna a una altitud de 60 millas. Antes de esta maniobra, la nave espacial viajaba por una trayectoria de retorno libre, en la que la nave habría dado una vuelta alrededor de la Luna y regresado a la Tierra sin requerir ninguna otra operación en caso de problemas.

EL ACCIDENTE

Y llegamos al fatídico 14 de abril. A las 55 horas y 53 segundos después del lanzamiento, el Capcom, de forma rutinaria, pidió a los astronautas que agitasen los tanques de hidrógeno y de oxígeno que se encontraban en el módulo de servicio. Enseguida Jack Swigert accionó los interruptores, pero nadie sabía, en ese momento, que uno de los cables que estaban en el depósito número 2 de oxígeno líquido había perdido su protección cuando se hicieron unas pruebas dos meses atrás. Este hecho hizo que, en cuestión de segundos, se produjeran una serie de acontecimientos que llevaron a la explosión del tanque. Empezaba aquí una de las más grandes odiseas espaciales de todos los tiempos. Y además lo hizo con una frase que ha pasado a la historia: Houston, hemos tenido un problema (“Houston, we’ve had a problem, en inglés).

Centro de control de misión en Houston minutos antes de la explosión (Foto: S-70-35136).

Aproximadamente a los quince minutos después de la explosión, y cuando aún se intentaba saber qué estaba pasando, el comandante Jim Lovell dijo: “Me parece, mirando por la escotilla, que estamos expulsando algo. Estamos expulsando algo hacia el espacio.” Sin duda era el oxígeno, y sin oxígeno todo el mundo sabe que no puedes durar mucho tiempo en el espacio.

En cuestión de minutos se decidió que los astronautas debían ir al módulo lunar. Por esa razón, Lovell y Haise, se fueron inmediatamente a encender todos los sistemas y transferir toda la información posible del sistema de referencia inercial desde el módulo de mando, herido de muerte, al Acuario. Cuando finalmente se apagó el Odisea habían transcurrido casi tres horas desde la explosión. El objetivo de pisar la Luna por tercera vez se había esfumado, junto con el oxígeno del depósito número 2. Ahora la prioridad era otra: rescatar a los astronautas y traerlos de vuelta a la Tierra.

EL REGRESO A LA TIERRA

Teóricamente había dos maneras de intentar volver a la Tierra: una, dar la vuelta a la nave y encender los motores acelerando hacia la Tierra y la otra forma era dar la vuelta a la Luna, utilizando una trayectoria de retorno libre, regresando a la Tierra sin hacer (casi) nada, solo dejándose llevar por la gravedad. La primera opción era más rápida pero más insegura porque después de la explosión no se sabía en qué condiciones estaría el motor del módulo de servicio que acababa de explotar, sin embargo, no había que ser muy listo para suponer que muy bien no se encontraría. La segunda opción era más segura, pero en cambio se tardarían unos días más ya que no era tan rápida.  Se optó, lógicamente, por esta segunda opción. Aunque para ello la nave Apolo debía volver a una trayectoria de retorno libre que hasta ese momento no llevaba.

Descripcion del vuelo original del Apolo 13 (Fuente: Dosier de prensa).

El motor que se utilizaría para hacer esa maniobra sería el de descenso del módulo lunar (llamado DPS en sus siglas en inglés). Con ese fin, se tuvo que encender durante unos 35 segundos antes de que la nave se ocultara detrás de la Luna y se perdiera todo tipo de comunicación durante 25 minutos. Como curiosidad, he de decir que, unos 23 minutos después de recobrar la señal con los astronautas, la tercera etapa del cohete Saturno V se estrelló contra la superficie lunar, siendo captado por el sismómetro del Apolo 12, anécdota que contamos hace poco también en este blog.

Módulo lunar Acuario del Apolo 13 (Fuente: Dosier de prensa). En rojo se marca la tobera del motor de descenso.

Aproximadamente dos horas después, hubo que volver a encender el DPS del Acuario para forzar a la nave a ir más rápida y tardar menos tiempo en volver a la Tierra. Con el objetivo principal ya conseguido, de colocar a los astronautas en una trayectoria segura de regreso a casa, quedaba abordar el segundo problema: gestionar las provisiones para que tres hombres pudieran sobrevivir los días previstos para el regreso. Hay que recordar que los tres astronautas iban en el módulo lunar, una nave diseñada para alojar solo a dos hombres por un breve periodo de tiempo.

Jack Swigert con el «buzón». El ingenio que tuvieron que construir para poder filtrar el dióxido de carbono dentro del módulo lunar.

Las condiciones que tuvieron que soportar no fueron muy agradables. Como había que ahorrar energía al máximo, los astronautas no podían utilizar el sistema de control termal y la consecuencia fue que pasaron mucho frío allí dentro. Otro famoso inconveniente que hubo que solucionar, fue el aumento del nivel de dióxido de carbono producido por la respiración. Como los filtros del módulo lunar para absorber ese CO2 se agotaron y no se podían utilizar los del módulo de mando ya que eran distintos, hubo que diseñar en Houston deprisa y corriendo un dispositivo que permitiera encajarlos. Al terminar la misión se pudo comprobar que, gracias a esa buena gestión y al sacrificio de los astronautas, aún quedaban muchas provisiones disponibles.

REENTRADA

Faltaban ya pocas horas para la reentrada en la atmósfera y parecía que la misión terminaría bien, pero antes había que volver a hacer otra pequeña corrección de la trayectoria y transferir de nuevo los datos y la energía disponible en el Acuario a las baterías del módulo de mando. Una vez hecho esto, se procedió a separar el dañado módulo de servicio del resto de la nave, aprovechando para fotografiarlo con el fin de intentar saber qué había pasado en la explosión. A continuación se hizo lo propio con el módulo lunar, agradeciéndole, por parte de los astronautas, que hubiera actuado como una auténtica balsa salvavidas; “Farewell Aquarius, and we thank you” (“Adiós Acuario y gracias”) dijeron cuando se separaron de él.

Módulo de servicio del Apolo 13 abandonado antes de la reentrada. Se observan los daños producidos por la explosión del tanque de oxígeno.

En ese momento, el Odisea se preparó para reentrar en la atmósfera terestre a casi 40.000 km/h. Como curiosidad, hay que recordar que algunas piezas del módulo lunar Acuario sobrevivieron a dicha reentrada y cayeron en el mar, en una zona segura entre Samoa y Nueva Zelanda llamada la Fosa de Tonga. Allí reposan los cuatro kilos de plutonio que iban a alimentar al generador de radioisótopos del paquete de experimentos lunares (ALSEP en sus siglas en inglés).

Apolo 13: despedida del módulo lunar Acuario (Foto: AS13-59-8562).

Finalmente, se abrieron los paracaídas y el Odisea amaró en el Pacífico a casi dos kilómetros del lugar previsto y a seis y medio del barco de recuperación USS Iwo Jima. Los astronautas se habían salvado y el resto del mundo no tardó en estallar de alegría. Incluso mucha gente dentro de la propia NASA llegó a secundar la afirmación de Jim Lovell de que esta misión había sido un “fracaso exitoso” (“a successful failure«). Sin duda, la NASA, durante esos días, volvió a demostrar de lo que era capaz de hacer.

Amerizaje del Apolo 13 (Foto: S70-15870).

Los meses posteriores, como no podía ser de otra forma, se dedicaron a estudiar y corregir los errores y problemas que surgieron en la misión. Y lo hicieron tan bien que, diez meses después (en febrero de 1971), el Apolo 14 volvía a surcar los cielos camino de la Luna.

Los astronautas del Apolo 13 sanos y salvos (Foto: 70-H-641).

Ni James Lovell ni Jack Swigert volvieron al espacio. Además, Swigert falleció en 1982. Fred Haise, sin embargo, continuó en la NASA y realizó unos vuelos de prueba con los primeros transbordadores espaciales en 1977. ¿Y qué pasó con el módulo de mando Odisea? Como única parte de la nave Apolo que regresó a la Tierra, fue desmontado para estudiar el accidente. Después, fue ensamblado de nuevo y enviado al Kansas Cosmosphere and Space Center de Estados Unidos para su exhibición.

EL PAPEL DE ESPAÑA

España participaba en la misión a través de la red de vuelos espaciales tripulados (Manned Space Flight Network – MSFN) y de la red NASCOM (NASA Communication Network). Para esta ocasión, y una vez conocida la explosión, España informó a los Estados Unidos que podía contar con los buques de la Armada en caso de tener que rescatar a los astronautas en nuestras aguas.

Dosier de prensa del Apolo 13: Estaciones principales de seguimiento de la red MSFN.

La MSFN se configuró de forma similar a la misión del Apolo 12. Siendo la estación de Fresnedillas (MAD) la principal apoyada por la reserva de Robledo (MADX) y la de Maspalomas en Canarias (CYI).

Para la red NASCOM se contaban con las estaciones de Telefónica en Buitrago (Madrid) y Maspalomas (Canarias) que estarían en contacto con los dos satélites INTELSAT sobre el Atlántico; el INTELSAT II F3 y el INTELSAT III F2. Uno de los satélites se reservó expresamente para enviar a Houston la señal de televisión recibida en Fresnedillas desde la Luna.

Configuración de la red NASCOM para el Apolo 13. (Fuente: AS-508-MCC-MSFN-Config.pdf).

Como parece bastante lógico pensar, muchos de los técnicos españoles que vivieron esta misión en las estaciones españolas contaron que llegó a ser más conmovedora y estresante que la del Apolo 11. Incluso algunos de ellos, como cuenta José Manuel Grandela en su libro “Fresnedillas y los hombres de la Luna”, se quedaron permanentemente en las estaciones, sin ir a sus casas, los días que duró aquella pesadilla.

Tampoco ocultan la emoción que sintieron cuando el Odisea tocó finalmente el mar con los tres astronautas sanos y salvos y es que, según se narra en el libro que escribió Jesús Sáez sobre la vida del técnico Carlos González titulado “El gran salto al abismo”, se calculó que como mucho había un 55 % de probabilidades de que aquello saliera bien. Y eso casi al final de la misión porque al principio era solo de un 12 %. Sin duda aquello marcó a todos los que participaron en aquella gesta; recuerdo lo que me contó una vez Don Luis Ruiz de Gopegui de que, en las estaciones, “había ambiente de que se estaban jugando la vida tres astronautas”.

Portadas relacionadas con el Apolo 13 del diario ABC.

Los medios de comunicación españoles, sobre todo los periódicos, comenzaron a informar de la misión los días previos. Eran noticias rutinarias y más o menos parecidas a las publicadas en las anteriores misiones. Hay que recordar que ya en el Apolo 12, el corresponsal de ABC se quejaba de que no habían acudido muchos periodistas a cubrir la misión a la estación de Fresnedillas. Pero como pasó en el resto del mundo, en cuanto se supo de la explosión en el Apolo 13, el interés se recobró rápidamente pudiendo encontrar multitud de artículos y crónicas en los diarios de aquellos días.

El Eco de Canarias (19 abril 1970). Reportaje especial sobre el Apolo 13. Se aprecian dos fotografias de la estación de la NASA y de la estación de Telefónica en Maspalomas.

Los periódicos canarios, en especial El Eco de Canarias, tampoco faltaron a la cita como hacían siempre que había alguna misión lunar. Obviamente se centraron en obtener y en proporcionar información de lo que pasaba en la estación de la NASA en Maspalomas. De tal manera que podemos leer multitud de reseñas y entrevistas muy interesantes sobre cómo se vivió el accidente desde las Islas Canarias.

En ese sentido, y cuando todo pasó, el director norteamericano de la estación canaria, el Señor Rouiller, afirmó: “En primer lugar quiero agradecer en nombre de todo el equipo de NASA en Maspalomas el sentimiento de solidaridad del pueblo canario, manifestado no sólo en la prensa sino en llamadas telefónicas. En cuanto a mi opinión de este vuelo del «Apolo 13» y sus accidentes, creo que lo importante ha sido el regreso feliz, solucionando todos los problemas. Como dato curioso diré que aún sigue sin saberse la causa de la avería en el módulo de servicio —que lo dejó sin baterías— al desprenderlo los astronautas, este mediodía, han podido observar solo una «herida» o hueco, sin que se pueda precisar la causa. A su pregunta de si yo tenía fe en el regreso le diré que sí, porque Houston que viene a ser el cerebelo de todo el equipo de NASA nunca desconfió del éxito del retorno.”.

El director español en Maspalomas, Señor Mendizábal, puso el foco en el personal de las estaciones en sus declaraciones: “El grado de capacidad de los técnicos han hecho, de una emergencia, un retorno normal.”

LEGADO

Aquella misión no cumplió sus objetivos y estuvo a punto de ser una de las mayores catastrofes de la NASA, sin embargo, con el paso del tiempo, el Apolo 13 ha sido reconocido como uno de los grandes logros de la Agencia espacial norteamericana, en el que la audacia y el ingenio impregnó a todo el personal de Control de misión en Houston y en el resto de las instalaciones asociadas repartidas por todo el Mundo.

Celebración en el Control de misión de Houston (Foto: AP13-S70-35145).

Para finalizar, me quedo con las palabras del Administrador de la NASA, Thomas Paine, sobre el Apolo 13: “El accidente del Apolo 13 que impidió la tercera misión humana para explorar la superficie de la Luna, es un duro recordatorio de la inmensa dificultad de esta empresa”, sin embargo “tiene importantes lecciones, cuando se apliquen en las futuras misiones, que contribuirán a la seguridad y a la eficacia de los vuelos espaciales tripulados.”.

Portada del informe final sobre el accidente del Apolo 13.

En abril de 1970, el Apolo 14 estaba siendo ya montado en Cabo Cañaveral, pero su lanzamiento hubo de ser pospuesto hasta conocer las causas del accidente del Apolo 13, con el fin de aplicar los cambios necesarios. Afortunadamente, el Programa Apolo no se canceló y el 31 de enero de 1971 el Apolo 14 fue lanzado. Pero eso lo contaremos en 2021. 😊

Godspeed, Apollo 13!

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Ramón
Ramón
4 años atrás

Excelente artículo sobre el «fracaso exitoso».
El Apolo XIII es la demostración de que en los momentos más difíciles es cuando surge la inventiva y se manifiesta la auténtica naturaleza del ser humano.

Carlos L.B
4 años atrás

Hola Mr. Gorski
Felicidades por tu blog, me gusta el cambio de cara que le has hecho.
Ya permitirás que diga que yo también soy bloguero del tema y te tengo en mi blogroll.
Mi blog es «la estela de Gagarin» y también llevo cubriendo los 50 aniversarios de todos los vuelos tripulados.
Saludos para ti y tus lectores.

Carlos

Chus
4 años atrás

Cuando dices que los astronautas pasaron «mucho frío», ¿De qué temperatura estamos hablando?

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